La soledad nunca ha sido ajena a mi vida, desde que murió mi padre cuando yo tenía nueve años y a eventos traumáticos de la infancia ocurridos meses después, he sabido que es la soledad, me acostumbre fácilmente a ella y pude crecer y desarrollar una vida social aparentemente estable. Nunca conté con amistades duraderas o con personas en mi vida en quien confiar y contra todo pronóstico logre tener entre mis dieciséis y diecisiete años tres novias, aunque para ser honesto no creo que ninguna de esas relaciones cuente como relación real.

Nunca encontré malo el sentirme solo, era mi armadura frente al mundo y mi manera de eludir los problemas, me permitió experimentar mi sexualidad con total plenitud entre mis dieciocho y veinte años y fue a través de la soledad que le pude dar rienda suelta a mis gustos e intereses sin pensar en lo que opina la gente al respecto, eso me convirtió en el friki empedernido que soy ahora.

Hace poco más de un par de años entraron a mi vida varias personas que se han ganado un lugar sumamente importante en mi mundo, amistades que a pesar de ser pocas me recuerdan con su compañía que no en todo momento la soledad es el único refugio y que son ahora las personas más importantes en mi vida. Las amistades que se forjan son desde mi punto de vista, familia, pero mucho más importante pues son la familia que uno puede escoger, entendiendo  así por amistades a esas personas que rodean tu vida en sociedad y con quienes se establecen relaciones de apoyo que van más allá de las intenciones materiales.

Entre esas personas que entraron a mi vida, una  entro casi simultáneamente aunque no estaba relacionada con las demás y es de hecho la única con quien he cortado todo contacto, no sin antes advertir que fue la persona más importante en vida y también responsable de varios de los mejores y peores momentos en ella. Como mencione anteriormente, siempre me he sentido solo y la aparición  de amistades no lo ha cambiado y eso no es malo para mí, pero debe mencionarse porque gracias a esa persona en particular es que por primera vez en mi vida no me sentí solo, también a pesar de ser mi cuarto noviazgo en la vida, fue para mí la primer relación sentimental real, gracias a esa persona deje de sentirme solo por un tiempo y lo digo así porque esto solo ocurrió en el tiempo en que todo era amistad y en los primeros momentos de la relación, con el tiempo todo se tornó obscuro y entendí a cuenta de tropiezos que no era la persona que creí conocer, lo que nos llevó a causarnos heridas mutuas, pero ese es tema para abordar en una futura entrada. Lo que realmente intento expresar es que a pesar de lo mucho que me costó desligarme de esa persona y retornar a mi mundo habitual sin ella, y lo agradecido que estoy con esas pocas personas que considero amistades reales y estuvieron ahí como apoyo en más de una ocasión durante ese proceso, mi relación con la soledad  no sido y no creo que vuelva a ser la misma.

No he logrado sentirme cómodo en soledad, ahora más que nunca la soledad es en mi un constante agraviante de mi ansiedad y un agujero negro que atrae hacia su centro todo lo que me apasiona y me deja en el vació solo con la depresión, depresión que ha estado conmigo desde muchos años antes de esa persona pero que hoy más que nunca se encuentra en su punto más alto.

Esa persona ya está superada y es parte del pasado, lo que me afecta es lo que sentí en su compañía porque, insisto, no es mala la soledad y de hecho aprecio mucho los pequeños momentos de compañía que mis amistades me brindan, pero desearía nunca haber experimentado la sensación de compañía total y de ausencia absoluta de la soledad que viví con esa persona porque esa sensación de protección ha hecho que el regreso a la vida en soledad que tanto me gustaba sea ahora un infierno, todos los días son una constante lucha contra el aburrimiento, me fuerzo a mantenerme activo porque cada que me encuentro sin nada que hacer o hay una oportunidad de descansar la depresión, ansiedad y pensamientos que no debería tener regresan y atacan con más fuerza que nunca, eso en mí genera ira y frustración porque si la soledad ya no puede ser mi refugio, qué lo es.

Consecuencias… O qué debí hacer.

El 2016 fue tal vez el año más complicado de mi vida, lleno de problemas y líos. En ese año mi salud mental decayó, mi proceso académico se vio suspendido en dos ocasiones a causa de la ansiedad y depresión, incluso sufrí de un pequeño desorden alimenticio que me causo varios desmayos y mareos.

Los problemas continuaron y en el presente año me vi  acosado por los mismos males, tal vez por miedo, arrogancia o tal vez ambas, decidí no buscar ayuda ni hablar con nadie al respecto, le temo a psicólogos y psiquiatras, me asusta que me envíen a un hospital mental y temo por lo que me puedan recomendar, así que está vez decidí no acudir a ellos, a nadie. Sabía muy bien lo que ocurriría, primero acudiría a la cita, hablaría de mis dolencias y de la increíble cantidad de tiempo que pienso en la muerte, sé bien que eso es algo de cuidado en alguien con mi historial, cuatro intentos de suicidio no son algo que se pueda pasar por alto. Sé bien que de acudir a un profesional una vez más me habrían medicado, tendría una nueva incapacidad, nuevamente habría cancelado el semestre y de nuevo me habrían programado citas a las que no asistiría. Esta vez creí que podía lidiar solo con todo y me equivoque, le oculte todo incluso a mis amigos más cercanos y fallé.

En esta ocasión me dejé vencer, afecté mi promedio académico y perdí la mayoría de mis materias, me veo obligado a presentar habilitaciones para tratar de salvarlas, pero de fracasar en eso lo más seguro es que me expulsen de la universidad por bajo rendimiento o que tal vez termine en periodo de prueba, mis peores temores se encuentran allí.

Estoy totalmente seguro de que en momentos así vendría el Capitán Hindsight y me diría que debí buscar ayuda profesional o hablar con mis amigos al respecto cuando empece a notar que no tenia ánimos para comer o para levantarme de la cama en las mañanas, y más importante aún cuando empezó a brotar de nuevo la idea del suicidio, debí cancelar materias en el momento apropiado al ver que mi estado anímico afectaba mi rendimiento y sin duda debería haberme tragado el miedo y  hablar con los profesores al respecto, ya lo había hecho una vez y no salio mal.

Debí dejar de conseguir medicamentos antipsicóticos por mi cuenta y automedicarme con dosis nada regulares que lo único que lograron fue alterar mi ya bastante débil estado de animo, pero lo hice para poder dormir, estaba desesperado por hacerlo y era agobiante no conciliar el sueño y después de cinco noches sin hacerlo opté por empezar a tomar cada dos noches dos pastillas de trazodona y una de olanzapina, craso error* creer que era buena idea pues el sueño era demasiado pesado y en más de una ocasión causo problemas en mi rendimiento académico.

Para concluir debo dejar claro una vez más que todo lo que esta situation ha causado es única y exclusivamente mi culpa y es justo ahora que el suicidio se asoma como la única respuesta y eso es algo que no puedo tolerar ni debo permitir que avance, pero aún no encuentro la manera de frenar esos pensamientos o levantar mi estado de animo.

*En un futuro dedicaré una entrada para abordar el origen de la expresión “craso error”.

Pienso en morir, deseo morir, quiero morir…

Pienso en morir, deseo morir, quiero morir, me voy a matar, me quiero matar, me voy a tomar veinte pastillas, me voy a lanzar al tren, me voy a arrojar al tráfico, voy a saltar de una azotea, me voy a colgar, me voy a electrocutar, me voy a ahogar, me voy a cortar las muñecas, me voy a dispar en la boca o en la frente, etc.

¡PERO SOY COBARDE Y NO ME ATREVO A HACERLO!